Las corridas de toros han estado presentes en Colombia, incluso antes de que se diera inicio a su vida republicana. A lo largo de la historia se han corrido toros en todo el país. En la actualidad y con dificultad, se conservan algunas ferias en varios pueblos, conocidas como ferias de provincia. La que se denomina como la temporada grande de Colombia se integra por las ferias de Cali, Manizales y Bogotá.
Por diversas razones, entre ellas, la cantidad de personas que acuden a cada festejo, la masiva asistencia de jóvenes y la continua presencia de las figuras de la tauromaquia en los carteles, hacen que la de Manizales sea la feria más importante de las que se dan en Colombia. Su afición que se ha forjado en lo alto de las montañas y a la vera de la tauromaquia de los toreros más importantes de los últimos sesenta años, es proclive a promover el triunfo de los toreros y por eso da la sensación de ser una afición triunfalista y torerista. Pero sobre todo, se trata de un público enamorado de su plaza, de su feria y de su fiesta.
Entre el 5 y el 11 de enero de 2020 se celebró la versión número 65 de su temporada anual. Una novillada, un festival y cinco corridas de toros integraron la feria. La Ganadería Armerías lidió en la novillada del 5 de enero; Andrés Bedoya actuó con pundonor y a sangre y fuego cortó una oreja; Diego San Román dejó impronta de su valor y fue declarado como triunfador de los novilleros, aun sin acertar con la espada.
La corrida de Paispamba que se lidió el lunes 6 cumplió en presentación, pero su evidente mansedumbre no permitió el lucimiento de Luis Miguel Castrillón, ni del peruano Joaquín Galdós, ni del colombiano Juan de Castilla. Por presentación y comportamiento, la corrida de Santa Bárbara que se lidió el martes fue la de mejor desempeño; El Cid, en estado de gracia, toreó con donosura y belleza; Román con su toreo alegre logró indultar a un bravo toro de aquella ganadería –triunfadora del ciclo de toros– y Sebastián Hernández, que tomó la alternativa en ese festejo, cortó una oreja a cada uno de sus toros. Al final de la tarde, toreros y ganadero salieron en hombros. Felicidad total.
Después de cinco años de ausencia en Manizales, en la corrida del miércoles 8 reapareció la ganadería de Las ventas del Espíritu Santo –propiedad de César Rincón– su presentación fenotípica fue impecable y el juego de los toros sirvió para que Sebastián Castella cortara tres orejas después de dos actuaciones llenas de madurez, mando y buen toreo. Al final de la feria, con justicia, el torero francés se llevó todos los premios y revalidó su condición de figura del toreo.
En la noche del jueves 9, se celebró un festival con la presencia de Enrique Ponce, El Juli, El Cid, Castella, Pablo Aguado y los colombianos José Arcila y David Martínez, que lidiaron novillos toros de la Ganadería de Ernesto Gutiérrez –en su mayoría descastados y rozando la mansedumbre–; los dos toros que tuvieron mejor desempeño pasaron por las manos de Castella y el manizaleño José Arcila. De nuevo Castella toreó a placer y cortó dos orejas; Arcila ejecutó la faena más artística e inspirada de la feria, sus lances suaves y sus muletazos de largo trazo emocionaron a sus coterráneos, paseó dos orejas aupado por un público que llenó la plaza.
El viernes 10, Ponce, el colombiano Bolívar y Aguado lidiaron toros de Juan Bernardo Caicedo, que defraudaron en su comportamiento. Bolívar realizó una de sus faenas más completas desde que visita a Manizales, mató de forma correcta y paseó dos orejas. El cierre de la temporada, previsto para el sábado 11 con una corrida en solitario del Juli, no resultó tan triunfal como mereció la feria; las aseadas faenas del torero español supieron a poco en un festejo en el que la Ganadería de Ernesto Gutiérrez deslució en su presentación y comportamiento.
Fue una feria con mucho y variado contenido. En Manizales los toros se viven con pasión; la afición disfrutó de días emocionantes y todo quedó dispuesto para una nueva temporada. En Manizales todos somos bienvenidos.










