Crónica | Feira de Cali – Bolívar y Rivera

BOLÍVAR Y RIVERA

  • 28 de dezembro de 2022, Colômbia
  • Feira de Cali, 5º Festejo
  • Festival del Señor de los Cristales
  • Matadores: Gitanillo de América (ovação), Antonio Ferrera (palmas), Luis Bolívar (indulto), Joselito Adame (silêncio e palmas no de regalo), Ricardo Rivera (ovação) e Luis Miguel Castrillón (palmas)
  • Ganadarias: Juan Bernardo Caicedo e toiro de regalo de Achury Viejo

La polémica es un elemento esencial de la actividad taurina. Incluso ni siquiera hay acuerdos sobre la necesidad de tener un reglamento taurino, pues existe una escuela de aficionados anarquistas que consideran que, dado que la tauromaquia es una expresión artística, no es posible establecer límites legales a la inspiración y al arte. Sin embargo, ese grupo anarquista ha sucumbido ante la mayoría que estima necesario contar con un reglamento que fije los lineamientos básicos sobre la forma en la que debe desarrollarse un espectáculo taurino, que para el caso de Colombia corresponde a una Ley de la República.

En esa ley se previó que los espectáculos taurinos se dividen en “Corridas de toros, novilladas con picadores,Novilladas sin picadores, Rejoneo, Becerradas, Festivales, Toreo cómico, Espectáculos mixtos.” Para el caso de los festivales, simplemente señaló que son en los que se lidian reses (toros, novillos o erales) despuntadas, utilizando los llamados trajes cortos. Es decir, desde la misma ley se contempló que los festivales son festejos menores, en los que incluso se permite que los animales salten al ruedo sin integridad de sus pitones. Y bajo esa perspectiva debe entenderse que el desarrollo de un festival da una serie de licencias sobre el cumplimiento exegético del reglamento.

No obstante, ello no quiere decir que no deba respetarse las formas y el fondo de los espectáculos taurinos. Por eso, resulta reprochable que en la noche del 29 de diciembre hubiere saltado al ruedo de Cañaveralejo un eral de exigua presencia para ser lidiado por Joselito Adame, que es un matador de toros; que además se indultara un novillo de escasa presencia fenotípica y que no fue del todo bravo. También es censurable que la lidia fuera un herradero en el que, por ejemplo, por momentos en el ruedo se encontraron hasta 10 capotes con su respectivo propietario.

En ese marco de desorden, Gitanillo de América (que volvió a Cali como muestra de agradecimiento por su incesante labor política de proteger a las corridas de toros) estuvo lucido y variado con el capote y la muleta; hasta pudo cortar alguna oreja, de no haber sido porque falló con la espada. Ferrera, más pausado que en su comparecencia de hace tres días también malogró su actuación equivocándose al entrar a matar. Bolívar paró, templó y mandó con un toreo cadencioso y lento, de mejor trazo por el pitón derecho que por el izquierdo (pues por este siempre toreó a media altura o por arriba) a un novillo que terminó siendo indultado y por cuya actuación otorgaron dos orejas al torero. Adame sufrió el reproche de lidiar un animal de escasísima presencia, trató de enmendar el desaguisado ganadero y regaló un séptimo ejemplar en el que estuvo firme y seguro, aunque sin obtener premio por desaciertos en la suerte suprema. Rivera, a ciencia y paciencia encontró el punto exacto para que el novillo de Juan Bernardo Caicedo (como los demás que saltaron al ruedo, con excepción del de regalo que fue de Achury Viejo) vaciara sus embestidas en un toreo serio, templado y terso, que lamentablemente Rivera empañó con la espada, como consecuencia de haberse pasado de faena. Castrillón anduvo voluntarioso, pero su actuación no conectó con el público.

Con todo, ni el desorden en el ruedo, ni el espíritu indultador de la presidencia, ni las polémicas tan propias de los tendidos desdibujaron la buena actuación de Rivera y de Bolívar.

Fotos: Tauroemoción Colômbia

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